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¿Será CUBA libre?

Carlos, jugador de rugby del club CUBA, y su novia María fueron a almorzar al restaurante de la sede de Núñez. Estacionaron afuera, iban caminando de la mano y mientras se acercaban a la puerta debatían qué comerían en un rato. Al intentar ingresar les negaron la entrada como si fuera un boliche. ¿Por qué? Ella tenía prohibido el acceso por ser mujer. Carlos discutió con el personal de seguridad, pero nada consiguió. Las mujeres, al no tener estatus de socias, sólo pueden ingresar allí si un hombre les paga la invitación. Carlos tenía dinero para hacerlo pero, enojado y avergonzado por la situación, prefirió ir a almorzar a otro lugar con su pareja.

La situación es real y conocida en CUBA; los nombres de los personajes fueron cambiados para proteger las identidades. Esto sucede en una institución donde las mujeres no gozan de los mismos privilegios que los hombres.

El Club Universitario de Buenos Aires tiene una deuda con las mujeres desde su fundación el 11 de mayo de 1918. Aun así, en contexto del 100° aniversario habrá una votación -con fecha a confimar- de los socios en la que se abrirá la posibilidad de que cambien las reglas, se apele a la razón y las mujeres puedan formar parte del club de la misma forma que los hombres.

Actualmente ellas entran en una categoría inferior -les otorga menos beneficios que a los hombres- denominada “asociadas”. Esto implica que pueden realizar ciertas actividades en la institución -como practicar deportes-, pero no tienen derecho a votar. Además, en la sede de Viamonte 1560 las mujeres tienen prohibida la entrada, sin importar que sean asociadas. ¿Qué requisitos deben cumplir para pertenecer a esta categoría? Tener relación familiar o conyugal con un socio, lo cual implica que su vínculo depende completamente de un hombre, una visión poco aggiornada a la actualidad.

Recoger testimonios de socias y dirigentes del club fue complicado. La negativa y evasivas se repitieron tanto en e-mails, llamados y conversaciones por WhatsApp. La respuesta más repetida fue: “Se está haciendo un trabajo enorme para lograr la plena incorporación de la mujer, y por respeto a los que la están siguiendo día a día prefiero no hablar”. Aun así, Olé pudo conversar con algunas asociadas que presentaron distintas posturas. Sofía Feroldi tiene 20 años y expresó su indignación: “Desde que soy muy chica voy a CUBA y sé que siempre estuvo este tema de que las mujeres no pueden ser socias. Estoy totalmente en desacuerdo; creo que las mujeres deberían tener los mismos derechos y libertades que los hombres; los mismos beneficios y poder acceder a todas las localidades de CUBA sin restricción alguna. Creo que una vez que esto se lleve a una votación va a ser totalmente afirmativa y que todos van a estar de acuerdo con que esto ocurra. Sé que son varios los clubes que tienen esta reglamentación, pero en un mundo como el de hoy no debería ser así. En la sede de Viamonte no dejan entrar a mujeres, yo había hecho un test vocacional ahí y, por ejemplo, no hay baños para nosotras”.

Así como Sofía cuestiona el lugar de la mujer en el club, también hay una página de Facebook llamada “Por la igualdad en el Club Universitario de Buenos Aires”. Esta cuenta se creó en 2012 y promueve la modificación del estatuto para que las mujeres puedan ser socias dentro del club. Comparten notas publicadas en distintos diarios, imágenes y frases como: “Esta ilógica ya no funciona. A nuestras hijas les decimos que pueden cambiar el mundo, que pueden alcanzar sus sueños si estudian y trabajan para conseguirlo. Y les decimos que no les está permitido ser socias de CUBA”.

Por otro lado están las asociadas que, como Mara Carvajales, de 51 años, no sienten las diferencias en el club y que la posibilidad de convertirse en socia le representa solamente un cambio económico: “La realidad es que no vivo las supuestas restricciones como tales. La más importante que tenemos es que no podemos entrar a Viamonte y a mí nunca me molestó. El resto de las actividades del club las puedo hacer todas; si quiero parar en la sede de Villa La Angostura, puedo; si quiero jugar al tenis, puedo; si quiero jugar al hockey, puedo. No hay tantas restricciones. Yo no necesito ser socia, creo que nos llaman ‘familiar mayor’; en una época se hablaba de ‘adherentes’, pero ya no sé cómo nos llaman. Creo que es posible que haya un voto positivo para la incorporación de mujeres como socias, pero no me cambia mucho que me llamen ‘socia’ o ‘familiar mayor’. Al club lo disfruto igual y el cambio de estatus lo único que va a tener aparejado para mí es un aumento en la cuota social”.

En un recorrido por la sede de Villa de Mayo no se nota la diferencia entre los socios y las asociadas. En las hamacas se puede ver a los más chicos jugando y, a un costado, sus madres sentadas en la reposera mirándolos de reojo mientras charlan con amigas. En los juegos de madera, al lado de la pileta, también están ellas tomando mate y disfrutando de la vida habitual de club. Unos metros más allá, alrededor de la cancha 1, los varones miran el partido de rugby.

Si fuera algo meramente visual nadie diría que en CUBA las mujeres no pueden ser socias. El problema reside, por ejemplo, a la hora de ingresar a la sede de Viamonte, donde sólo los varones pueden practicar deportes como squash, esgrima y natación.

La secretaria de Comunicación del club aseguró que “los dirigentes no haremos declaraciones”, y compartió con este diario un comunicado oficial realizado previamente donde se explica el procedimiento de incorporación de las mujeres: “La Comisión Directiva ha iniciado una ronda de conversaciones con socios y asociados presentando las distintas alternativas para la incorporación de la mujer como socia plena y explicando sus implicancias prácticas, de modo tal que cada uno pueda decidir libremente y adecuadamente informado. Todo este proceso ocurre en el marco de un diálogo sincero y respetuoso entre los integrantes de la familia de CUBA, que no olvida el necesario respeto por los valores y las tradiciones cultivadas por quienes forjaron la historia centenaria de nuestro Club. Serán los socios de CUBA quienes tomarán la decisión definitiva sobre la incorporación de la mujer como socia plena, en el contexto de una asamblea general de socios que todavía no ha sido convocada”.

Desde la fundación del club, el estatuto se mantuvo igual en este aspecto. Ahora, a pesar de estar en otro siglo, con otras costumbres y otra visión de la sociedad, el Club Universitario de Buenos Aires sigue igual. ¿Se convertirá este año, finalmente, en CUBA libre?

YO DIGO: Roberto Lasala, DT de rugby de CUBA
Historia y tradición

La mujer tiene que estar en un plano de igualdad con el hombre, aunque en estos tiempos hablar de eso es absurdo. También entiendo cómo es CUBA a nivel historia y tradición. Es muy conservador y quizá el tema de las mujeres sea más una resistencia generacional que otra cosa.

Celebro que se esté resolviendo el asunto y espero que se corrija algo que nunca debió haber existido. Para mí no va a generar ningún cambio en el club porque la mujer ya está insertada, es más una reparación que otra cosa. El club va a seguir funcionando con la mujer adentro y participando de otras cosas como tiene que ser. Es más dejar atrás algo a nivel simbólico.

Hay muchas mujeres que se pusieron la causa al hombro y trabajaron mucho para conseguir que esto pase. Los que somos del club sabemos que no es de ahora, pero generacionalmente encuentra miradas diferentes y es un tema que tiene sus tiempos, pero se viene hablando hace rato.

Dirigió al equipo que salió campeón de Buenos Aires en 2013 tras 43 años.

YO DIGO: Mariana Iglesias, periodista de Clarín
Gente con poder

En el 2017 escribí una nota para Clarín, el Día de la Mujer, sobre los clubes que hacen diferencia entre hombres y mujeres. Después de que salió, recibí muchísimos mails de varones, todos de varones socios de estos clubes, enojadísimos conmigo, manifestando que la nota tenía mucha maldad y violencia de mi parte. Los argumentos eran los mismos: que eran clubes privados con tradición y que la toma de decisiones estaba en manos de varones, y por qué tenía yo que meterme a cuestionar eso. Fueron todos muy agresivos y me dio la impresión de que era gente con mucho poder y mucha prepotencia, varones con poder y gran poder adquisitivo. Esos suelen ser varones muy prepotentes.

Me acuerdo que transcribí algunas conversaciones con la gente que me frenaba para no hablar con los directivos, que eran como muy graciosas, y algún que otro socio y un par de personas que me dijeron cosas. Todo en off porque nadie me dejaba poner su nombre, como si fuera que estuviéramos hablando de un secreto de la NASA.

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